El próximo lunes día 16 tendré el honor de participar como ponente en el "Londres Sustainable Brands"; un gran evento de sostenibilidad relacionada con las empresas, dónde reflexionaré cómo embajador comprometido con la naturaleza, tanto desde el punto de vista de la aventura, cómo del emprendimiento y las estrategias de comunicación y posicionamiento de marca.
Podemos tener muchas ideas, ideologías, religiones o filosofías (y para mí una muy importante es la preservación del medio ambiente). Pero al final, estas convicciones deben aterrizarse y aplicarse en la realidad si queremos que tengan algún efecto. Y la realidad diaria no se compone sólo de grandes promesas o grandes eventos, sino de nuestros hábitos y nuestro sistema social y económico. Por ello soy de los convencidos de que, aunque el sistema capitalista actual es tremendamente imperfecto y desearía encontrar uno nuevo o más evolucionado, también nos ha aportado un gran bienestar y unas impresionantes cuotas de libertad. Pero ahora estamos en un punto límite en muchos sentidos, ya no tanto sociales, sino sobre todo medioambientales, que afectan de lleno a la sociedad tanto a corto como a largo plazo. Sería bonito y no hemos de desistir de pensar en formular soluciones innovadoras que nos puedan llevar a sistemas más sostenibles, pero entre tanto, sería absurdo no intentar trabajar a partir del sistema que ya tenemos y que puede ser perfectamente válido en muchos aspectos.
El sistema económico y empresarial actual es uno de los principales actores de nuestra sociedad, que según como se gestione, puede crear un impacto tremendamente negativo o maravillosamente positivo. Pero al fin y al cabo, las empresas y las marcas sólo son herramientas que se enfocarán de una manera u otra en función de los valores que apliquen las personas que tienen capacidad de influir en ellas. Y estas personas no son sólo los socios o directivos de las empresas, sino también todos sus trabajadores o colaboradores y, sobre todo, los consumidores que, al final, votarán si aprueban o no su gestión comprando o no comprando sus productos o servicios con su precio y funcionalidad correspondiente, pero también con todos los valores buenos o malos que puedan incorporar.
Las marcas comerciales comprometidas con un futuro más sostenible pueden ser un gran agente de cambio en nuestra sociedad. Y los consumidores comprometidos con un futuro más sostenible, pueden actuar de jueces y guías cotidianos para que así sea. Las marcas tienen un gran poder para hacer el bien, y por ello necesitan tanto de los grupos de presión y del despliegue ideológico correspondiente, como de los ciudadanos que realmente valoren este enfoque, tanto para su propio bien personal, como por el bien colectivo de la sociedad y el medioambiente.
Cada vez hay más marcas conscientes de esta necesidad, que asumen su responsabilidad y que también pueden ver en ello una ventaja competitiva para la empresa; y esto puede suponer un gran cambio de paradigma para los grandes retos que amenazan el planeta.
Como ciudadanos, cada uno de nosotros debemos exigir y presionar para que esto ocurra, pero sobre todo debemos asumir también nuestra parte de trabajo, pues al fin y al cabo, todo proceso comercial termina en nuestra decisión de compra libre y personal; y si en aquel momento validamos o descartamos una marca por su buena o mala gestión de la sostenibilidad, estaremos contribuyendo radicalmente a dirigir el mundo hacia un mañana mejor.
Todos tenemos el deber de hacer que nuestra vida y nuestro sistema sea sostenible; pues lo contrario significaría que es, sencillamente ¡INSOSTENIBLE!






Deja tu comentario