- Con los retos sociales y ambientales que tenemos, ser neutral es ser parte del problema.
- Un liderazgo que no incorpore visión y compromiso en la sostenibilidad, es siempre un mal liderazgo.
- Todo lo que hacemos deja huella, pero debemos decidir qué huella queremos dejar.
Hoy en día es imposible que una persona mínimamente inteligente e informada no sea consciente de los grandes retos sociales y ambientales que tenemos en nuestro planeta.
Llevándolo al campo del liderazgo personal u organizacional, está claro que lo peor que puede hacer un líder es obviar, esconder o negar un reto o problema, siendo consciente de él. Ya solo por eso es un mal líder.
Si unimos estos dos conceptos, concluimos que solo serán buenos líderes los que incorporan en su proyecto, estrategia y acción efectiva, la variable de sostenibilidad de la que, en realidad, son plenamente conscientes.
Y algunas variables de este enorme reto mundial son tan críticas por su impacto y urgencia, que si se adopta una posición neutral, se está siendo parte del problema.
Todo lo que hacemos, tanto a nivel personal como profesional, tiene un impacto más allá de los resultados que perseguimos al hacerlo. Y este impacto, al fin, es el legado que dejamos al mundo, a la sociedad, a las siguientes generaciones, a nuestros hijos y nietos.

La cuestión es si nos vamos a hacer responsables de este legado o simplemente nos vamos a dedicar a obtener nuestro propio resultado a corto plazo, o a dejar algún bien físico, sin importarnos lo más mínimo lo que va a pasar a partir de allí.
Solo por autoestima, por orgullo, por reputación o por ejemplaridad, deberíamos aspirar a ser un poco más “significantes” para el mundo que un simple consumidor, directivo o líder cortoplacista, egoísta y negativo para lo común.
Ahora que se está celebrando la COOP28 es una buena ocasión para llevar la reflexión desde el pensamiento y responsabilidad global, a la acción y implicación personal. Y ahora que viene final de año, y la época Navideña en la que se activa al máximo nuestro consumo, a la vez que se exaltan nuestras tradiciones, valores, sensibilidades y reflexiones, es un buen momento para cuestionarnos todas nuestras actuaciones.
Cada vez que vayamos a liderar cualquier acción, sea en lo personal o sea en lo profesional y de gestión de equipos u organizaciones, deberíamos hacernos algunas preguntas claves:
- ¿Qué impacto tengo en el mundo (sociedad y/o medioambiente) al hacer esto?… sea comprar, invertir, votar, hacer una estrategia, tomar decisiones de equipo o empresariales, etc.
- ¿En mi liderazgo diario quiero ser parte del problema o de la solución?.
- Persiguiendo mi objetivo (personal o profesional), ¿Qué debo tener en cuenta o rectificar para no aportar efectos directamente negativos? (o reducirlos drásticamente).
Cada cosa que hacemos o lideramos deja huella. Y no solamente en el planeta, sino también en nuestra trayectoria de vida. Y debemos decidir qué huella queremos dejar.
Pensemos un momento en que les responderemos a nuestros hijos o nietos cuando nos pregunten: ¿Qué hiciste para parar o mejorar esto?.




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